Leishmania Canina

LEISHMANIA CANINA

La Leishmaniosis Canina es una grave enfermedad parasitaria, que se transmite a los perros a través de picaduras de mosquitos. Estos insectos se convierten en portadores de la enfermedad al picar previamente a otros perros enfermos de leishmaniosis. Su sencilla propagación y el hecho de que la leishmaniosis canina puede ser mortal, hace que la prevención sea el arma más efectiva para proteger a nuestra mascota.

En España, las regiones más afectadas por la leishmaniosis en perros son aquellas pertenecientes a la cuenca mediterránea y su época de más expansión se produce en los meses comprendidos entre el final de la primavera y el final del otoño, aunque en los últimos años, los mosquitos aparecen cada vez más temprano en la temporada (principios de marzo).

SÍNTOMAS DE LA LEISHMANIASIS EN PERROS

Algunos perros pueden ser asintomáticos durante períodos de tiempo variables según su sistema inmunitario, pudiendo variar semanas o incluso meses.

Los perros afectados, cuando comienzan a dar muestras de los síntomas de su enfermedad, pueden presentar:

· Adelgazamiento.

· Fiebre.

· Crecimiento anormal de las uñas.

· Anemia.

· Artritis.

· Insuficiencia renal.

· Apatia, debilidad.

· Atrofia muscular progresiva.

· Úlceras cutáneas.

· Heridas que no cicatrizan.

· Piel seca.

· Caspa.

· Pérdida de pelo.

· Falta de pelo alrededor de los ojos.

· Hemorragias nasales.

· Inflamación de ganglios linfáticos, hígado y bazo.

· Cojeras.

· Lesiones oculares.

DIAGNÓSTICO Y TRATAMIENTO DE LA LEISHMANIASIS EN PERROS

El diagnóstico se realiza mediante pruebas serológicas, análisis de sangre, biopsia de piel, o citología de la médula ósea.

Una tardía detección podría llegar a atacar a órganos vitales del perro teniendo que llegar a recurrir a diálisis, trasplantes... o causar incluso su muerte.

Hay que tener en cuenta que la leishmaniosis canina es una infección que a día de hoy no tiene cura, pero los medicamentos disponibles actualmente en el mercado pueden alargar y mejorar la calidad de vida de nuestro perro, llegando incluso a no percibir su enfermedad. Eso sí, es muy importante no olvidar nunca que la leishmaniosis en perros es una enfermedad crónica y por lo tanto estar alerta de posibles recaídas.

PREVENCIÓN DE LA LEISHMANIASIS EN PERROS

Con todos los datos expuestos en este artículo queda claro que la prevención es, sin duda, el método más efectivo para evitar la leishmaniosis canina.

La lógica ya nos indica cuál es la primera forma para prevenir la leishmaniosis en nuestro perro: evitar el riesgo de sufrir picaduras de insectos. Para ello existen en el mercado sprays repelentes, pipetas y collares que ayudan las posibilidades (aunque no las eliminan) de recibir un picotazo indeseable. Si tu perro duerme fuera, se aconseja la utilización de mosquiteros durante la noche. Igualmente, en las zonas y fechas en donde el riesgo es mayor, se puede intentar sustituir los paseos nocturnos, los de primeras horas de la mañana o últimas de la tarde por paseos diurnos.

Recientemente, en el año 2011 y tras más de 20 años de investigación, se ha iniciado la comercialización de una vacuna que estimula el sistema inmunológico de los perros reforzando su resistencia a las enfermedades.

Cabe remarcar que la vacuna de la leishmaniosis en perros se utiliza únicamente como prevención de la enfermedad, es decir, sólo se administrará en el caso de que nuestro perro haya dado negativo en unas pruebas serológicas previas, ya que no se lograría beneficio alguno.

LA VACUNA CONTRA LA LEISHMANIASIS EN PERROS

Su administración ha de ser realizada en perros sanos tras haber sido confirmado en un estudio serológico previo, y sus efectos serán la estimulación del sistema inmunológico de nuestro compañero, que verá reforzada su resistencia a las enfermedades.

También hay que tener en cuenta que la vacuna contra la leishmaniosis no elimina al 100% las posibilidades de contraer la enfermedad, por lo que sigue siendo aconsejable el uso de repelentes, especialmente en las zonas y las épocas más proclives al desarrollo de la enfermedad.

Las posibilidades de sufrir reacciones secundarias negativas a la vacuna son escasas y sus síntomas de escasa gravedad. Entre los efectos secundarios descritos se encuentra la posibilidad de que nuestro perro desarrolle, en la zona en la que la ha recibido, inflamaciones, enrojecimientos, endurecimientos o dolores, todos ellos de carácter temporal, y poco preocupantes, que deberían desaparecer a los pocos días.

Asi mismo, nuestro perro podría dar muestras de apatía, sufrir algún trastorno alimenticio o algo de fiebre, que serán más frecuentes tras la administración de la vacuna. También existe alguna posibilidad de desarrollar alguna alergia.